El combate de Somosierra (30 de noviembre de 1808) y las acciones previas de Honrubia y Sepúlveda (17 y 28 de noviembre de 1808).

Por: Juan José Sañudo.

Justificación previa.

En 1988 publiqué en la Revista de Historia Militar, número 64, un trabajo titulado ¿Qué pasó en el combate de Somosierra?, cuyo nombre ya evidencia lo controvertido del tema, dadas las diferentes, abundantes y acostumbradamente exageradas versiones del mismo, por otra parte imposible de contrastar con las casi inexistentes españolas.

La importancia de la acción, al parecer de difícil compresión para algunos (léase EL PAIS), por tratarse de una derrota española, es evidente por poco sentido común que se posea. Somosierra, junto con la batalla de Madrid, son las únicas acciones en que el Emperador está presente durante los seis años de la Guerra de Independencia, solo por ello ya sería significativa. La derrota española, absolutamente previsible, es la inevitable consecuencia de oponer unos medios sencillamente desproporcionados contra un enemigo formidable. No es misión de un militar juzgar en su momento las causas o responsabilidades de dicha escasez, que compete a la dirección política y económica de la nación el proporcionarlas, y al juicio de la historia determinar su responsabilidad.

Siempre supe que para la nación polaca, tan admirada por su determinación independentista, entre dos colosos como Alemania y Rusia, la acción de Somosierra tenía una especial relevancia, pero ciertamente no la evalué a priori lo suficiente. Después fui invitado a viajar a Polonia para conferenciar sobre el tema, aunque lamentablemente no me resultó posible. Se intercambiaron representaciones militares entre ambos países y con posterioridad fue colocada una placa conmemorativa de la acción, fabricada en Polonia, en la ermita ubicada en el Puerto, e incluso en la actualidad, la Comunidad Autónoma de Madrid considera la posibilidad de una declaración de lugar histórico, que salvaguardaría el lugar de la notable destrucción a que se ven irresponsablemente abocadas la mayoría de nuestros lugares históricos. Pero también en este caso la decisión corresponde a la decisión política... ¿competente?

La enorme importancia que a esta acción se le otorga en Polonia, me llevó a preguntar al entonces agregado cultural de su embajada, Lezec Biaui, quien amablemente me informó que a lo largo del siglo XIX, en su heroico y persistente anhelo de independencia, la llama que mantuvo su espíritu, fue el recuerdo de la carga de caballería ligera polaca en el Puerto de Somosierra; "Si fuimos capaces de hacer aquello, podremos lograr nuestra independencia”. En consecuencia el sitio constituye un lugar de culto histórico, por no decir de peregrinaje para Polonia, aunque durante muchos años el temor a no ser comprendidos mantuvo silencio al respecto, que al fin, fueron agresores contra una nación de quien nunca habían recibido el menor agravio, pero quien siempre ha sabido admirar el valor, aun en el enemigo.

Por último debo manifestar que el siguiente relato elude en lo posible, las interminables polémicas para conciliar las distintas versiones, que fatigarían inútilmente al lector, sin que por ello pudieran aclararse definitivamente, y me permito remitirle a la revista citada al principio si tiene interés en ello. En consecuencia comencemos el relato, sin que por ello dejará de suscitar incógnitas y controversias, dado el elevado número de bajas (50 %) que este equipo de investigación histórica ha experimentado recientemente y que incide directamente en el reconocimiento arqueológico del terreno, práctica que normalmente permite apreciar con bastante precisión la veracidad de las noticias disponibles.

Acción de Honrubia. 17 de noviembre de 1808.

Extracto del informe del General Trías publicado por la Gaceta de Madrid:

El General, enterado por los informes recibidos que el día en que había partido de Aranda habían entrado los franceses, envía a su ayudante de campo, D. Santiago Alonso, capitán de la compañía de cazadores de montaña, con 40 cazadores hacía el pueblo de Honrubia y sus inmediaciones para ver si se encontraba con ellos. Al entrar en el pueblo, el capitán encuentra un pequeño grupo de franceses que estaban robando en las casas, que apercibidos de nuestra tropa, huyen y se sitúan en una altura. Alonso hizo lo mismo para observar sus movimientos y advierte al General Trías, quien se dirige sobre este lugar. El enemigo se retira inmediatamente y se une a un cuerpo de 140 jinetes, que se vuelve hacia Somosierra por el camino real de Madrid. Este cuerpo retrocede para procurar prender al ayudante de campo, y avanza hacía él intentando atacarle para cortar su retirada. Pero el General advertido, decide atacar al enemigo a pesar de su poca caballería, confiando en el valor del coronel Escudero y de los demás oficiales y ordena a éste jefe cerrar sobre el enemigo, seguido por 100 hombres del Batallón de Voluntarios de Valencia (...de Alcántara y Alburquerque) y de otros 100 de Mérida (Voluntarios de...). El General se dirige rápidamente con el resto de los dos batallones para cortar la retirada al enemigo. Nuestra caballería se lanzó al ataque con la mayor audacia, a pesar de la dificultad del terreno. El enemigo advirtió de lejos que la infantería le cortaba la retirada y abandona el camino emprendiendo precipitadamente la huida. Se dirige sobre la derecha a través de los bosques y de caminos difíciles, buscando un camino en dirección de Aranda. Nuestra caballería les sigue con el mayor coraje; a pesar del mal estado de sus caballos, les alcanza y mata una docena de hombres y le toma dos prisioneros y 6 caballos, así como muchas armas abandonadas en la huida. Como la misión del General Trías era cubrir el camino de Somosierra, reúne toda la infantería, ordena al Coronel Escudero hacer lo mismo (con la caballería) y ambos tomaron dicho camino; llegando al día siguiente a Somosierra, a pesar del mal tiempo que sobrevino.

Las tropas de infantería y sus oficiales manifestaron el mayor valor y el más vivo deseo de combatir con el enemigo. Pero la huida de este último frustró su esperanza; seguramente habrían sido aniquilados si no hubiera sido absolutamente indispensable cubrir el camino de Somosierra.

Consta en efecto el envío hacia Somosierra de un destacamento de dragones franceses presos en el mes de noviembre, que solo pueden proceder de esta acción o de la Sepúlveda (28-XI), en cualquier caso tienen que pertenecer al 9º regimiento de dragones, que junto con el 10º de cazadores y la caballería ligera polaca, constituyen la División de Caballería de Lasalle, que efectivamente marcha sobre Aranda desde Burgos, el día 15-XI. Un fuerte reconocimiento francés que acaba de pasar Honrubia, se encuentra en el desfiladero al sur del mismo y con la retirada cortada, evita ser capturado por Trías y se retira con muchas dificultades por Montejo de la Vega y Fuentelcesped, perdiendo algunos hombres. La única caballería española disponible consiste en unos 60 jinetes reunidos de del 1º y 2º de Húsares de Extremadura (antes de María Luisa) sobrevivientes de la batalla de Gamonal (10-XI).

Pero la mayor trascendencia del pequeño combate recae en la presencia de una infantería considerable entre Somosierra y Aranda, es decir que aún no se ha retirado a la fortaleza natural del puerto, lo que hace creer a Napoleón en una actitud desafiante por parte de una fuerza de consideración, cuando en realidad tan solo se trata de parte de la magra 3ª División del Ejército de Extremadura, sobreviviente por no haber llegado a tiempo al desastre de Gamonal y que con cierta temeridad permanece al alcance de los franceses, que disponen frente a él, de la citada división de caballería de Lasalle, del I Cuerpo de Ejército del Mariscal Victor (vencedor en Espinosa de los Monteros), del IV Cuerpo del Mariscal Lefebvre (vencedor en Durango-Zornoza) y del propio Napoleón con la Guardia Imperial, por no mencionar a las divisiones de dragones de La Houssaye, Milhaud y Latour-Mabourg. Pero la realidad es que el emperador recela y piensa que entre él y Madrid debe existir la mejor parte del Ejército Español. La sobrevaloración de la importancia de las capitales es una constante en sus acciones militares; Viena en 1809 y Moscú en 1812 lo atestiguan y fueron causas de muy importantes errores. Madrid en 1808 no será diferente. La desmesurada fuerza concentrada para su ataque, podría haber obtenido resultados militares decisivos contra los maltrechos y dispersos ejércitos españoles, pero Napoleón prefiere el objetivo político, la toma de la capital enemiga.

La defensa de la Sierra de Madrid. Planeamiento

Tras la derrota de Gamonal (10-XI) el acceso hacia la capital desde Burgos vía Aranda, queda defendido tan solo por parte de la 3ª División (Trías) del Ejército de Extremadura, a todas luces insuficiente para cubrir los puertos de Somosierra, Guadarrama y los Leones. Tras la acción de Honrubia se ordena a dicha fuerza retroceder hacia Somosierra como dirección más probable y peligrosa del avance imperial, y en el ínterin comienza un vergonzoso cabildeo entre los generales de elevado rango, en quienes recae la responsabilidad ineludible de la defensa de Madrid, ya que los mandos operativos, Castaños y Blake, se encuentran demasiado alejados. No obstante aun la Junta Militar apelará al vencedor de Bailén, tras la derrota de Tudela, para que acuda a defender la ciudad, maniobra absurda, por lo tardío de la misma y que condena a Zaragoza a un cerco que costará 25.000 soldados y otros tantos habitantes de la heroica capital aragonesa, merecedora de una mejor dirección militar que la de Palafox.

Repasemos brevemente a los componentes de dicho generalato, que durante estas criticas fechas, mas que preparar una defensa, condenada de antemano al desastre, competirán entre sí para pasarse el mando indeseado, que cargará con la responsabilidad de la derrota.

Marqués de Castelar, Capitán General de Castilla, no puede alejarse de la sede de su Capitanía, pero siempre puede delegar el mando operativo en algún subordinado.

D. Tomás Morla. Capitán General que fue de Andalucía, sucesor del asesinado Solano, es responsable directo del incumplimiento de la capitulación de Bailén, y director máximo del absurdo plan que pretendía envolver a la totalidad del Ejército Imperial. Es el Gobernador militar de Madrid e intentará inútilmente que el mando operativo recaiga en el General Eguía. En realidad él es en realidad el designado por la Junta para la defensa de la capital.

D. José Eguía. Se le encarga de formar un ejército de la nada, pomposamente titulado de entre Madrid y los puertos. ¿Cómo consiguió eludir dicho mando? Lo ignoramos, pero ciertamente lo hizo a pesar de su reiterado nombramiento. Con posterioridad actuó de segundo del General Cuesta en la campaña del Tajo, verano de 1809.

Heredia. Sustituto de Belveder, es encargado de cubrir la defensa de Navacerrada y los Leones con la exigua fuerza de Trías y alguna unidad de la Brigada Malaespina, procedente de la dispersión tras la batalla de Espinosa de los Monteros (10 y 11-XI).

D. Benito San Juan. A quien se encomienda la defensa de Somosierra, con las fuerzas que permanecían en Madrid y que constituyen en realidad la única fuerza operativa (se relacionan con su procedencia en el orden de batalla adjunto). Constituyen una extraña mezcla de unidades, de distinta valoración; los batallones de línea pueden considerarse bastante fiables a pesar de la incorporación de numerosos reclutas. Los provinciales, peor equipados, y alejados de sus lugares de procedencia, Andalucía, acusarán el rigor del clima y escasa profesionalidad. Los voluntarios de Sevilla son simplemente paisanos sin uniforme ni instrucción, levantados por conscripción tras la victoria de Bailén. El 3er medio batallón de Wallones, que incorpora muchos prisioneros imperiales no franceses de Bailén, es proclive a la deserción. Por último la caballería es casi inexistente. Todo un funesto presagio ante Napoleón con lo más granado de su fuerza. Pero Benito San Juan, que no puede ignorar el devenir, se enfrenta al genio de la guerra con determinación, nada exenta de valor, habilidad y conocimientos militares, aunque falto de recursos y de la confianza de sus hombres pues se le conoce como partidario de Godoy (por haber mandado su guardia) y consecuentemente es sospechoso de afrancesado. Los imperiales constatan por medio de paisanos y desertores que están mal alimentados y faltos de vestuario adecuado. 

Despliegue. 

El día 18 de noviembre comienzan a llegar al puerto de Somosierra las primeras unidades desde Madrid y se ordena al General Trías se desplace hasta Sepúlveda con su división para cubrir el puerto de Navacerrada.

Desde el primer momento, el General San Juan decide que el brigadier Sardeñ ocupe Sepúlveda con una fuerza que puede calificarse de escogida. Esta decisión ha sido muy  controvertida, discutida, censurada y, a mi juicio, incomprendida.

Ciertamente Sepúlveda no cierra el acceso hacia Somosierra, pero constituye una amenaza, al menos teórica, sobre el flanco de quien lo intente.

Se ha supuesto que su ocupación tuviera por objeto cubrir la carretera hacia Segovia. Absurda intencionalidad que supondría un inmenso rodeo hacia Madrid por parte de los imperiales, que lógicamente despreciarán. 

Se ignora que desde Sepúlveda se cierra el acceso hacia Somosierra vía Prádena o Pradenilla, incluso hasta Navafría y el Puerto de Lozoya, desde donde se podría intentar envolver el puerto por el oeste. Hacerlo por el este es imposible por la fortaleza natural del terreno, Sierra Cebollera hasta la Pinilla.

Pero sobre todo se ha perdido de vista que en las fechas de la acción, finales de noviembre, la dureza del clima hace muy necesario disponer de un núcleo de población posible para acantonar una fuerza, que próxima a los 4.500 hombres, reduce la posibilidad a un solo núcleo de población, Sepúlveda, desde donde partirán las patrullas de vigilancia, especialmente de caballería, para vigilar la aproximación gala, verdadero objetivo de esta vanguardia. Además los fuertes barrancos inmediatos le proporcionarán una razonable posibilidad de defensa.

En resumen, Benito San Juan emplea un núcleo escogido de tropas y casi toda su caballería para una doble misión: evitar la sorpresa  de los imperiales y proteger su ala izquierda, única que puede ser envuelta, dada la fortaleza  natural de su derecha. Podemos adelantar que ambas misiones se consiguieron con la ocupación de Sepúlveda.  

Movimientos previos. 

18 de noviembre. Tras el combate de Honrubia, Napoleón ordena a Lasalle que reconozca el terreno a vanguardia. Recordemos que por estas fechas su objetivo principal es el Ejército del Centro-Aragón ubicado en la zona Logroño-Tudela, y en consecuencia envía al mariscal Ney con el VI Cuerpo, vía Soria, y al I Cuerpo del Mariscal Victor que avance hasta el Burgo de Osma para apoyarle.

19 de noviembre. El Coronel D. Manuel García del Barrio comisionado por la Junta reconoce el dispositivo defensivo de la sierra.

-     Si esta comisión manifestaba el atolondramiento en que estaba ya la Junta Soberana, era una prueba de que en el fondo de su corazón no le eran desconocidos los patriotas verdaderos para echar mano de ellos en sus apuros. Salí en efecto para Somosierra, en donde amanecí el día 19. Reconocí y avise al gobierno que los generales Heredia y San Juan solo se habían ocupado de guarnecer los caminos principales y descuidaban las laderas de Prezna (¿Prádena o Pedraza?) y rutas intermedias entre los dos Gefes, pues unas estaban mal guardadas, y las otras enteramente abandonadas, siendo así que eran enteramente practicables a toda arma. Que la división avanzada en Sepúlveda, al paso que debilitaba las fuerzas que se necesitaban en la sierra, estaba expuesta a ser cortada si entraba el enemigo, todo lo cual hacía presente...

20 de noviembre. Napoleón ordena:

·        Al IV Cuerpo de Lefebvre dirigirse al Sur para establecerse en el valle del río Carrión.

·        Al I Cuerpo de Victor dirigirse hacia Lerma.

·        A la Guardia Imperial que siga al I Cuerpo hasta Aranda.

·        A la División de Dragones de Milhaud que explore hacia Palencia y Valladolid.

El General Trías con su magra división, 1.200-1.500 hombres, ocupa Segovia donde se le une el General Heredia con unos 2.000 hombres más procedentes de Madrid.

21 de noviembre. Desde Boceguillas un prudente Lasalle informa:

-         El reconocimiento que he enviado por la mañana sobre Sepúlveda ha encontrado los puestos avanzados enemigos cerca de Santa Cruz, en las alturas. Estos puestos parecen querer atraer al reconocimiento sobre la infantería que les apoya y que veo desde Boceguillas. No he juzgado conveniente cargarles... (Lasalle carece de infantería de apoyo). He hecho poner en tierra a mi tropa y ya veo volver al reconocimiento sobre el Duratón.

Es decir, el reconocimiento francés solo tiene por objeto situar los puestos avanzados españoles y no busca el combate para comprobar su fuerza e intenciones. Napoleón espera la decisión en el Ebro.

23 de noviembre. Napoleón parte de Burgos y entra en Aranda la misma fecha. En este día tiene lugar la batalla de Tudela, pero el despliegue de vigilancia español entre Ney y Lannes imposibilita que la noticia llegue al Emperador. El Barón de Marbot, que la lleva, resulta herido por un piquete de carabineros españoles. Precisamente la falta de noticias hace que Victor con el I Cuerpo avance hacia el Burgo de Osma, en apoyo de Ney, que con el VI Cuerpo se encuentra en Soria.

26 de noviembre. Tres días después, llega hasta Napoleón en Aranda, la noticia victoriosa de la batalla de Tudela, pero como la división de Lasalle carece de apoyo de infantería, el Emperador dispone que el General Savary, duque de Rovigo, le refuerce con los dos regimientos de fusileros de la Guardia Imperial. De esta suerte se podrá reconocer en fuerza a los españoles, que se muestran hacia Sepúlveda.

El IV Cuerpo de Lefebvre, ya completo por la incorporación de la división  polaca del Ducado de Varsovia, marchará hacia Segovia, precedido por la división de dragones de Milhaud, una de cuyas brigadas cubrirá el intervalo hacia Palencia, que le separa del II Cuerpo de Soult, quien vigila ante León al Marqués de la Romana, jefe del Ejército de la Izquierda. Cubierto así su flanco derecho, Napoleón podrá avanzar sobre Somosierra, cuando el I Cuerpo de Victor pueda contramarchar sobre Boceguillas y Riaza, unos tres o cuatro días que se emplearan en reconocimientos previos.

Las divisiones Villatte y Ruffin, con el Mariscal Victor, precedidos por el regimiento de caballería ligera polaca, o parte de él, pasan por Berlanga.

27 de noviembre. Las divisiones Villatte y Ruffin del I Cuerpo cruzan por San Esteban. La división Lapisse, que era la más adelantada, sale de Langa hacia el Sur. La división de dragones de La Houssaye entra en Aranda.

Savary se une a su amigo Lasalle y encuentran que: la derecha de la gran guardia del General Lasalle escaramuza con unos 50  jinetes y otros tantos infantes, procedentes todos de Sepúlveda. Ambos generales acuerdan atacar a los españoles la próxima noche para hacer prisioneros y si es posible tomarles la posición. Consecuentemente informan a Napoleón sobre lo acordado, ya que estiman la fuerza de Sepúlveda en unos 1.200 infantes y 400 jinetes.

En estas fechas desfila, próximo a Madrid (Talavera-El Escorial, 26-XI,-Villacastín, 27-XI,-Espinar-Arévalo),  un importante contingente británico: la División Hope, cuatro batallones de infantería (del 2º, 36º, 71º y 92º); dos regimientos de caballería (18º de húsares y 3º de húsares de la King´s German Legion o KLG) y seis baterías de artillería, que rehúsan defender la sierra madrileña, por tener que reunirse en Salamanca con el grueso de Moore. El primer encuentro en territorio español entre británicos e imperiales no tendrá lugar hasta el 12 de diciembre. Los historiadores británicos justificarán  esta negativa y más tarde culparán a los españoles por no haber tenido ocasión de batirse con los franceses. 

Acción de Sepúlveda. 28 de noviembre de 1808.

28 de noviembre. Malaespina llega a Segovia con unos 750 hombres, resto procedente de la batalla de Espinosa de los Monteros. En su conjunto Heredia dispone de unos 4.000 hombres, para defender el acceso a Navacerrada y Guadarrama. Desde el norte se aproxima el IV Cuerpo francés de Lefebvre y la división de dragones de Milhaud disminuida de una brigada, unos 17.000 imperiales.

Con las primeras luces del alba, Savary con sus dos regimientos de fusileros de la Guardia, ataca Sepúlveda procedente de Boceguillas, en tanto Lasalle hace lo propio desde Olmo, con el 10º de cazadores, seguramente sostenido por el 9º de dragones. Suponemos que el regimiento de caballería ligera polaca, que completa su división, debe vigilar en amplio arco los accesos a Somosierra. Es decir, son dos direcciones de ataque convergentes sobre Sepúlveda, que buscan la sorpresa para efectuar un combate de reconocimiento.

El croquis de la posición española es sumamente explícito. Las patrullas españolas han cumplido su cometido en distancia y con prontitud. Sardeñ ha desplegado sus fuerzas en tiempo oportuno y espera el ataque. La línea defensiva se apoya en la fortaleza natural del cauce del Duratón, que también pueden apreciarse en las fotografías que ilustran este artículo. El despliegue de la infantería indica que el esfuerzo principal de la defensa se dirige a la conservación de la meseta que figura a la izquierda-sur de Sepúlveda, cuyo flanco derecho o acceso por el sur, es practicable por un camino que defiende la caballería, escalonada en profundidad. No consta el emplazamiento de la artillería, 6 piezas, pero es de suponer que dado el escaso ángulo de depresión, propio de los materiales de la época, jugaría poco protagonismo. Los franceses dispondrán de 4 piezas.

Aunque las noticias del combate son escasas, la lógica secuencia del mismo debió ser la siguiente. El verdadero encargado de materializar la sorpresa,  Savary, bastante antes de llegar al río tuvo que establecer contacto con las tres o cuatro unidades de infantería española que se aprecian al este de Sepúlveda, todavía en la orilla derecha del Duratón y que lógicamente desplegarían en guerrilla, retardando su progresión. Naturalmente los fusileros imperiales harían lo propio, comenzando el único combate real de la Guardia de Napoleón en España. Con posterioridad se censuraría a Savary no haber despreciado estas guerrillas y haber avanzado rápidamente en columna sobre Sepúlveda, pero esto es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica. Sin duda la superioridad numérica estaba inicialmente de su parte y en consecuencia antes o después las avanzadas españolas debieron ceder terreno hasta cruzar el río, pero a partir de aquí el panorama cambia radicalmente. El barranco es verdaderamente abrupto y la fuerza española, próxima a los 4.000 infantes, apoyados por seis cañones, se impone a los 2.400 fusileros de Savary, quien no debió empeñarse a fondo dado el número de bajas imperiales.

Ante el fracaso de la infantería francesa, Lasalle ataca siguiendo su camino, hacia la derecha española. Los escuadrones de Alcántara y Montesa, tal vez también los Carabineros Reales, cruzan sus sables con el 10º de cazadores, seguramente seguido por el 9º de dragones. El dispositivo español es claramente absurdo; escalonados en profundidad, son arrollados sucesivamente, con unas 60 bajas, y la caballería francesa accede a la meseta citada por su vertiente sur. La infantería española se ve de esta suerte flanqueada, el momento es crítico. Todo parece una repetición de la batalla de Medina de Rioseco, Lasalle incluido. ¿Cómo consiguió Sardeñ evitar un resultado similar? No lo sabemos, pero lo cierto es que logró efectuar una retirada ordenada y acogerse a la población de Sepúlveda. Tal vez el propio Lasalle quedó sorprendido ante una fuerza mucho más numerosa que la supuesta, tal vez por la falta de apoyo de infantería propia.

Contrarrestada así la acostumbrada superioridad táctica de la caballería francesa y con una infantería insuficiente para intentar el asalto a la ciudad, tras un prolongado e infructuoso tiroteo por ambas partes, Savary y Lasalle deben renunciar a parte de su intento, son las 10 de la mañana. Han reconocido en fuerza a los españoles y aunque no logran ocupar la posición, algún prisionero y varios desertores Wallones (en realidad italianos), suministraran  una información preciosa sobre las defensas de Somosierra (ver anexo A). Proceden en consecuencia a retirarse sobre sus bases de partida y a la parte más dura de su acción, informar a Napoleón de su fracaso parcial y de las bajas experimentadas por la Guardia Imperial, que se esfuerzan en minimizar. Lamentablemente el informe de Savary nunca ha sido encontrado y de ahí las suposiciones precedentes. Obviamente la escasa y derrotada caballería española no permite incomodarles en su retirada.

Por su parte el Brigadier Sardeñ informa al General San Juan, quien ha oído claramente el combate desde Somosierra y con posterioridad notifica a Madrid, donde se publica en la Gaceta del día 30:

-         Efectivamente, a las seis, poco más, de la mañana se oyeron en las alturas de Somosierra varios tiros de fusileria y artillería, que progresivamente se fueron aumentando, todos en dirección al pueblo de Sepúlveda, lo que no dejó duda de estar atacado; y aunque fiado que su resistencia sería consecuente con la mucha y buena guarnición que tiene, por haberle introducido en el día 27 anterior 1.000 fusileros del regimiento de Jaén, no dejó de ponerme en cuidado el mucho número de enemigos de que tenía noticia; y desde el momento que estuvo cerciorado de la formalidad del ataque, dispuse enviarle más socorros, tanto de artillería como de infantería y municiones; pero sin necesidad de estos se ha logrado una completa defensa de aquel punto, sin embargo de que el ataque duró más de cuatro horas, habiendo atacado los enemigos con 4.000 hombres de infantería, 1.500 caballos y 4 piezas de artillería, sin los refuerzos que tenían a la mano para refrescar las tropas. Me dice el comandante del puesto de Sepúlveda, el brigadier D. Juan Josef Sardeñ, coronel del regimiento de caballería de Montesa, que le atacaron en la madrugada los enemigos con 3.500 hombres de infantería, 1.500 caballos y 4 piezas de artillería y que los había rechazado con gloria de las armas del Rey y de la Patria; y ofrece dirigirme el detall circunstanciado de la acción, en la cual dice, hemos tenido alguna pérdida, y que conceptúa duplicada la de los enemigos, habiendo durado el fuego hasta las 10.

Respecto a la estimación de la fuerza francesa, que parece un tanto exagerada a primera vista, tal vez se deba al empleo sucesivo a caballo y a pie del 9º de dragones, incluso a la presencia, aunque pasiva, de los jinetes ligeros polacos. Si la intención fuera exagerar la fuerza enemiga, no redundaría en elevar la moral propia y ¿por qué no exagerar también el número de cañones?

En resumen, los historiadores franceses coinciden en calificar la acción de un medio fracaso y bien nosotros podemos considerarla una media victoria, sobre todo por sus consecuencias a gran escala. Napoleón comprende que los españoles están dispuestos a defender la sierra, no quiere arriesgar un fracaso y decide perder un día en reagrupar sus fuerzas para jugar sobre seguro. Esta consecuencia es el verdadero resultado de la acción de Sepúlveda.

En esta fecha se ordena:

·        Al General Savary: Que no empeñe combate al día siguiente. El día 30 se atacará para tomar la posición enemiga. Los fusileros de la Guardia no deben formar parte de la vanguardia, constituirán un cuerpo de reserva.

·        Al Mariscal Victor (I Cuerpo de Ejército), por la noche en Ayllón: Que concierte con el Mariscal Bessieres (jefe de la caballería) la situación de su Cuerpo de Ejército. No se debe atacar mañana sino mas bien reconocer la posición enemiga para atacar el 30, si se da la orden.

·        Al Mariscal Bessieres. Lo mismo. El Emperador le recaba informe sobre la situación de la división de Dragones Latourg-Mabourg (se la espera por la tarde en Langa y el 29 en Honrubia).

29 de noviembre. Órdenes del Cuartel General:

·        Al General Savary: Se le ordena atacar vivamente Sepúlveda al día siguiente, de manera que se consiga envolver la posición y conseguir un gran número de prisioneros.

·        Al Mariscal Bessieres: Concertar el ataque con el Mariscal Victor comenzando por tomar el pueblo de Sepúlveda, “punto por el que se puede envolver la posición”.

·        Al Mariscal Victor:  Ídem con Savary y Bessieres, para atacar el 30 Somosierra, previo ataque y envolvimiento de Sepúlveda. La idea de maniobra es tomar la sierra para que Bessieres con su caballería pueda explotar el éxito hacia Madrid.

Napoleón parte hacia Boceguillas, donde llega a mediodía, Reconoce la posición y decide:

-         Que la División Lapisse ataque al día siguiente Sepúlveda apoyada por la División de caballería de Lasalle y la de Dragones de La Houssaye. Ocupada esta, el Mariscal Victor con las divisiones Ruffin y Villatte, desde Cerezo de Arriba y Riaza atacará Somosierra. La Guardia Imperial se mantendrá en reserva.

Debido al retraso de la artillería de las divisiones del I Cuerpo, se ordena al General Senarmont, enviar al Mariscal Victor 12 piezas, probablemente de las dos baterías a caballo (las baterías a pie tenían 8 piezas).

Al caer la noche, el General Brun (vanguardia de Victor) permanece en Cerezo de Abajo con la caballería polaca y seis compañías de infantería, la división Ruffin en Cerezo de Arriba y Victor, con la división Villatte en Riaza.

El combate de Somosierra. 30 de noviembre de 1808.

30 de noviembre.  Como suele  ocurrir en toda batalla, el planeamiento precedente no resiste la realidad de los primeros movimientos tácticos y esta no es una excepción a la regla.

A las dos de la madrugada y desde Borbolla (al sudoeste de Boceguillas), el General Lasalle informa:

-     El 29 de noviembre, a las 11 y media, el enemigo ha comenzado a evacuar su posición; Se retira hacia Somosierra (el subrayado es nuestro), no hacia Segovia, que según el informe de los desertores franceses (seguramente italianos del imperio), está erizado de cañones. En Sepúlveda tenía 8.000 hombres y 8 cañones; se ha podido saber el nombre del General Español, es un francés (¡¡¡el Brigadier Sardeñ!!!). Anteayer el enemigo ha tenido muchos heridos y 12 muertos.

-     P.D. Envío los cuatro desertores franceses al Cuartel General de Vuestra Excelencia.

De resultar cierto el informe, y no se conoce noticia contraria, Sardeñ, prevenido por sus siempre eficaces patrullas, se retira hacia Somosierra, o al menos lo intenta, es decir hacia el grueso de la fuerza que lo destacó. Dada la presencia en el puerto del regimiento de Jaén, parece ser que este lo consiguió pero no así el resto de la Brigada, o tal vez ésta lo hizo hacia Segovia y el regimiento de Jaén, último refuerzo en Sepúlveda, tuviera orden de regresar a Somosierra. En todo caso sabemos que las patrullas de caballería polaca reconocen el linde norte de la Sierra desde el anochecer del día 29, algunos pernoctan ante el principio del desfiladero, encienden hogueras y bromean en torno a ellas, son jóvenes ante la aventura y la ambición personal para destacar y lograr ascensos y fama. La niebla se espesa, alguno más prudente o experimentado les previene por el elevado volumen de sus conversaciones, y casi inmediatamente una bala de cañón vuela sobre sus cabezas a baja altura, seguida del estruendo de un estampido.  Los españoles no están lejos. Tal vez la presencia de estas patrullas polacas evita que Sardeñ, con el resto de su brigada, pueda acceder al Puerto en tiempo oportuno. 

El terreno. 

Dadas las controvertidas versiones del combate de Somosierra, todas de origen francés o polaco, se impone un estudio detallado del terreno en que tuvo lugar, que todavía hoy es reconocible y revela verdades y desmiente exageraciones, por otra parte abundantes en una época carente de posibilidades fotográficas, en que la imaginación desbordada y el tiempo transcurrido, magnificaban los hechos a mayor gloria del narrador.

Vista desde el norte, la sierra presenta un aspecto de muralla continuo, sombrío y amenazador. Es el pequeño arroyo que forman los llamados chorros del Duratón, quienes procedentes desde la mole de La Cebollera al este y desde el cerro Barrancal al oeste, se unen para erosionar una estrecha garganta que abre camino hasta el collado. Este camino, ancho para la época, permitía el cruce de dos carruajes o el paso simultaneo de cuatro caballerías, discurría de norte a sur, inicialmente por la orilla derecha del río para cruzarlo a medio camino por un puente de piedra y continuar hasta el puerto por la orilla izquierda, donde una capilla, aun hoy existente, señala el collado a 1.443 m de altura. Su diferencia con la cota de la Cebollera a 2.126 m da clara idea del carácter dominante de esta última. A continuación en la vertiente sur se encuentra el pueblo de Somosierra.

El croquis que se acompaña fue levantado a posteriori por los ingenieros franceses, es topográficamente correcto y asimismo la ubicación de las unidades imperiales, la de los españoles solamente aproximada o estimativa y la de las baterías bastante precisa, siempre que consideremos que batería es una posición artillera con independencia del número de piezas que la guarnezcan.

La fotografía núm. 1, obtenida en la misma dirección del cuadro que pintó Lejeune, permite ver los restos del puente de piedra, en la parte inferior central, así como el camino, hoy carretera asfaltada, que sube hacia el Puerto por la orilla izquierda del Duratón, arroyuelo cuya depresión se aprecia cubierta por matorrales y que tras pasar bajo el puente, lo hace bajo la carretera por atarjea, visible a la derecha del tronco del árbol grueso, en al ángulo inferior derecha de la foto.

La fotografía núm. 2, tomada en dirección norte-sur, inmediata a la ubicación del hoy inexistente molino, cuya planta subsiste, próximo a los árboles de la izquierda, permite apreciar la rasancia del terreno entre el puente y la 1ª batería. La fotografía núm. 3, tomada en dirección sur-norte desde el collado, es de la mayor importancia. Desde el centro inferior se aprecia el primitivo camino de tierra, que gira hacia la izquierda para descender suavemente el espolón que se aprecia próximamente desde la izquierda y en el centro de la fotografía desaparece tras rodearlo.

La fotografía núm. 4, tomada también en dirección sur-norte, desde el este o derecha de la 4ª batería, permite apreciar la explanación de tierra de la carretera primitiva a la derecha y paralela a la depresión del valle, el recodo citado anteriormente, que rodea el espolón y al fondo tras el siguiente espolón de la derecha se puede situar, aunque no llegue a verse, el puente de piedra.

Munición. 

En la batalla de Gamonal, el 10 de noviembre, no disponían los españoles mas que de 10 cartuchos por hombre. En esta, consta algún batallón (el provincial de Écija), sin cartuchos. En la posterior defensa de Madrid aparecerán incluso cartuchos con tierra en lugar de pólvora. En todo caso la munición fue muy escasa. 

El combate. 

Tras el informe del General Lasalle concerniente a la evacuación de Sepúlveda por los españoles, Napoleón comunica desde Boceguillas, a las tres de la mañana, al Mariscal Victor, que ataque al amanecer la garganta de Somosierra; él mismo se trasladará a las seis a Cerezo de Arriba con la División Lapisse y la Guardia Imperial.

En cumplimiento de estas órdenes, Victor parte de Cerezo de Arriba hacia las siete de la mañana con la División Ruffin, sin esperar a la División Villatte que viene desde Riaza. El Regimiento de caballería ligera Polaca sigue el movimiento de Ruffin.

Previamente el Mayor Lejeune, ayudante de campo de Berthier, avanza por orden de Napoleón para reconocer el terreno. Sorprendentemente consigue llegar hasta el puente de piedra, que encuentra cortado, al amparo de la espesa niebla que se agarra al fondo del valle y manifiesta que al otro lado oyó hablar fuertemente en español, es decir en la figurada 1ª batería, a unos 250 metros, perfecta distancia para batir a metralla el recodo del puente y fuera del alcance de los mosquetes. Esta y las restantes baterías estaban protegidas por obras de tierra, presumiblemente los característicos cestones, entre los cuales se abrirían las correspondientes troneras para cada pieza.

Si hemos de creer en el Boletín número 13 de L’Armeé D’Espagne de 2 de diciembre de 1808, los españoles habían situado en el puerto 16 piezas,  y dado que el ancho del camino solo permitía emplazar 2 en batería (2ª, 3ª y 4ª batería), y que nada más penetrar en el desfiladero los franceses encuentran un cañón abandonado, de imposible retirada por la cortadura del puente, en la 1ª batería pueden haber las reglamentarias 8 piezas correspondientes a una batería orgánica, de posible despliegue por el ancho del camino y pequeña planicie lateral (fotografía núm. 2).

El 96º Regimiento de Línea francés encabeza la columna por el camino y pronto es tiroteado desde ambos flancos por los cazadores españoles que componen las guerrillas avanzadas y que a modo de cortina de seguridad se abre en amplio abanico a derecha e izquierda. Los voltigueurs (infantería ligera) se enfrentan a ellos, pero el áspero terreno hace difícil su labor.

El subteniente Girod de L’Ain, del 24º de Línea nos cuenta:

-         Se forman los batallones de voltigueurs y me encuentro en la punta de vanguardia. El 30, por la mañana, una niebla espesa nos oculta totalmente la vista de las posiciones enemigas. Sin embargo se inicia la marcha siguiendo el camino real, y el Emperador vino, en persona, a situarse durante algún tiempo entre las dos secciones de mi compañía que constituía la cabeza de la vanguardia. Habíamos profundizado bastante en el desfiladero de la montaña cuando, de pronto, recibimos una descarga de mosquetería sobre nuestro flanco izquierdo, que nos advirtió de la presencia del enemigo; al instante se destacan a este costado algunos tiradores que, a través de la niebla treparon por la montaña y a poca distancia encontraron un vivac abandonado. La columna continúa su marcha avanzando sobre la carretera, y luego llegamos a un foso grande, que el enemigo había cavado a través del desfiladero; en seguida se procede a rellenarlo, e inmediatamente se me ordena avanzar en cabeza  con 50 voltigueurs, con orden de desplegarles en guerrilla a la izquierda de la carretera y de llevarme por delante todo lo que encontrara.

Pronto el conde de Ruffin ordena que el 24º de Línea  por el este y el 9º Ligero, flanqueen al 96º para facilitar su avance. Pero ambos chocan enseguida con las líneas de guerrillas españolas. El avance es lento, penoso y costoso en hombres y moral. Los cazadores de Benito San Juan, si bien no causan muchas bajas a los voltigueurs, les mantienen casi paralizados por la dificultad del terreno.

Al fin, el 96º de Línea consigue llegar al puente de piedra, punto más estrecho del desfiladero, a partir del cual se ensancha a forma de embudo, en cuya parte ancha despliega la 1ª batería española que así puede concentrar sus fuegos sobre la desembocadura. La columna francesa recibe andanadas de metralla, polladas de balas de acero que contenidas en saquetes de algodón, quemado éste por la pólvora, abren sus trayectorias en función de la distancia y abaten a los primeros osados. Son ocho piezas que pueden alternar sus disparos de forma que el fuego es casi continuo. Una y otra vez los intentos de avanzar fracasan, los capitanes Duclos y Vandermaezen caen heridos, las bajas aumentan, el propio Coronel del Regimiento, Cales, es herido. El Regimiento no progresa.

Girod de L’Ain:

-         No tardé en volver a encontrar a los tiradores enemigos y después de algún tiempo les di caza de roca en roca cuando, de repente, la niebla, que había reinado hasta entonces, se levanta como el telón de una ópera y me deja ver las líneas españolas coronando a poca distancia una buena posición, de la que no me  separaba mas que un torrente poco profundo. Mi pequeña tropa, apenas fue vista, se la juzgó digna de una descarga general de la primera línea enemiga, y en un instante perdí 9 hombres entre muertos y heridos; yo mismo fui alcanzado en mis ropas por dos balas.

Aproximadamente a las once de la mañana la niebla aclara, Napoleón impaciente ante la obstinada resistencia española, decide adelantarse para ver por sí mismo la causa del retraso. Las horas  diurnas son escasas en esta época del año y él contaba con una profunda explotación del éxito hacia Madrid, por la caballería de Bessieres. Le escoltan  los Cazadores a caballo de la Guardia Imperial y el tercer escuadrón de la caballería ligera polaca, 3ª y 7ª compañías, unos 150 sables, que no lanceros como se suele confundir. Llegados a la proximidad del puente, el Emperador ordena al General Senarmont que avancen dos piezas de artillería y batan la batería española, el ancho del camino no permite más, son de 6 libras, artillería a caballo, los artilleros franceses se cubren con los armones de munición. El duelo es desigual. Las piezas españolas serían posiblemente de 12 libras y están protegidas, en poco tiempo dos artilleros galos pierden las piernas. Las balas de metralla, bizcainos, resuenan contra los armones como si de un órgano se tratase. En poco tiempo el Emperador se apercibe de su inútil disposición y ordena al Coronel Piré, ayudante de campo del Príncipe de Neuchatel, Berthier, que reconozca la posición de la batería española para ver si es posible lanzar una carga de caballería, quien después de intentarlo pronto vuelve grupas y regresa afirmando que la carga es imposible. Napoleón le responde no conozco esa palabra y en su caprichosa impaciencia ordena al medio escuadrón de Cazadores de su Guardia, unos 80 ó 90 jinetes, que carguen la batería. La orden es absurda, tarde o temprano la defensa está condenada al fracaso por la abrumadora desproporción de fuerzas que inevitablemente acabarían envolviéndola. Pero el genio de la guerra está a su vez condenado a resolver genialmente la situación y un escuadrón de caballería más o menos carece de importancia.

Los cazadores a caballo se lanzan al galope, son les enfants cheries de Napoleón, pero la metralla española no respeta a las unidades de élite y la carga es rechazada con gran desorden.

Al trasladarse a primera línea, llevado de su impaciencia, Napoleón ha incurrido en un error de mando, ahora está allí y su orgullo personal y prestigio están en juego. Sus órdenes personales han fracasado por dos veces y su despecho es palmario. Es el Coronel Krasinsky, del Regimiento ligero Polaco, quien le ofrece que su unidad, ya reunida, cargue la batería española. La posibilidad de éxito es cierta, aún a costa de un elevado número de bajas. Para quienes encabecen la carga es un suicidio.

Philippe de Segur, ayudante de Napoleón debe transmitir la orden, joven y deseoso de destacar cargará el primero, será el único francés que participe en ella. El jefe del 3er escuadrón, Kocietulski, se lanza a la carga sin vacilar seguido por sus dos compañías en columna de a cuatro. El teniente Niegolewski, que en ese momento regresaba de una patrulla, se une en cola al escuadrón, que galopa al grito de: "¡Adelante, viva el Emperador!" Enseguida la metralla barre el frente de la unidad y Kocietulski cae derribado de su caballo, aunque no resulta herido... Los primeros que caen son reemplazados por otros sin prestar atención a los caídos... El mando recae en el capitán Dziewanowski, quien continua la carga... Enseguida sufre el fuego de la infantería española que flanquea la batería y dispara desde los altos de la montaña, las bajas aumentan pero en segundos alcanzan la batería sin dar tiempo a los artilleros para recargar los cañones... Un caballo queda muerto sobre el parapeto y su jinete también yace dentro de el, la mayor parte de las monturas eluden el obstáculo y lo rodean, la amplitud de la explanada lo permite, pero sus jinetes dudan en continuar la carga. Cuando Niegolewski les alcanza le gritan:

-    ¡Deteneos teniente, deteneos, el fuego es horrible!...

El teniente les reprocha su actitud y consigue que reanuden la carga a los gritos de:

-    ¡Adelante, viva el Emperador!.

Ante la 2ª batería una bala de cañón derriba al capitán Dziewanowski con una pierna destrozada sin que por ello se detenga ya la loca galopada que realmente carece del menor orden, pero rebasa la 3ª batería.

Frente a la 4ª, Niegolewski advierte a la izquierda del camino algunos soldados españoles de infantería agrupados alrededor de un bastión (la capilla antigua aspillada, pero no defendida) y frena su caballo, en su entorno el suboficial Sokolowski y un puñado de jinetes,

-         ¿Dónde están los demás?, pregunta,

-         ¡Están muertos!.

En efecto, muchos han caído, otros se han dispersado a derecha e izquierda por efecto del ensanchamiento del desfiladero (foto 3), no pocos pierden sus caballos por el fuego.  

Tras la 4ª batería se ven algunos artilleros. Niegolewski quiere distinguirse. ¡Sokolowski, carguémosles! y sin pensarlo dos veces se lanza al galope... pero no es seguido por sus hombres... Abatido su caballo por los disparos, el teniente cae al suelo para ser a su vez herido. Los españoles que ya ven perdida la posición se mueven en torno a él gritando, a la derecha, a la derecha, arriba, arriba. Es decir hacia la Cebollera. En un momento Niegolewski es alcanzado, según él narró, por nueve bayonetazos y dos disparos, le robaron el cinturón con el dinero y dejaron por muerto bajo el caballo.

Al poco, los otros escuadrones polacos y los Cazadores de la Guardia llegan al collado. Niegolewski les pide ayuda pero no le prestan atención, inmediatamente tras ellos llegan los voltigueurs franceses que le sacan del caballo y le cubren de mantas... Dos médicos le curan... El Mariscal Bessieres le dice: "Joven, el Emperador ha visto la bella carga de los polacos, sabrá apreciar vuestro valor." Más tarde llega Napoleón y le impone en el campo la cruz de la Legión de Honor. Niegolewski sobrevivió a sus heridas.

Lubienski con el primer escuadrón, al que se unieron algunos cazadores a caballo de la Guardia, intenta seguir al tercero que ha llevado a cabo la carga, pero el desfiladero está totalmente lleno con los polacos muertos o heridos y sus caballos, de forma que su avance se convierte en un difícil y lento tránsito. Al final consigue alcanzar los restos del tercer escuadrón. La infantería francesa ya había coronado las alturas de Somosierra. Apenas terminado el Puerto, Lubienski forma en batalla su escuadrón con los restos del tercero y seguido por el segundo y cuarto escuadrones galopan durante tres leguas, seguidos de los cazadores a caballo, hasta alcanzar Buitrago.

En realidad los españoles escapan a derecha e izquierda monte arriba donde la caballería no puede seguirlos, sus bajas son mínimas. Tan solo el General D. Benito San Juan y sus ayudantes intentan en un primer momento, sable en mano, oponerse a la avalancha imperial. El general recibe dos heridas en la cabeza y sólo el arrojo y la pericia de sus ayudantes consiguen salvarle, retirándose en dirección a Segovia. Es clara la ausencia de caballería española de importancia en el Puerto.

Los impactos de balas encontrados a lo largo del tiempo revelan que los infantes franceses del 24º de Línea no consiguieron llegar a los chorros del Duratón, ni rebasar el cerro Barrancal más allá del la altura del puente los del 9º ligero, donde bien parapetados en las rocas los españoles resistieron hasta que la caballería polaca alcanzó el puerto a 1 kilómetro de su retaguardia. Por otra parte los hallados en el fondo del valle entre la altura de la 2ª y 3ª baterías indican claramente la detención de los restos del tercer escuadrón polaco y por que no siguió al teniente Niegolewski en su carga hasta la 4ª batería.

La división de dragones de La Houssaye pasa el desfiladero tras el regimiento polaco. Gonneville, un oficial del mismo observa:

-         Las inmediaciones de la batería estaban cubiertas con caballos y jinetes. Había un caballo con sus cuartos delanteros dentro de la batería, mientras que sus patas traseras colgaban hacia fuera; su jinete estaba caído muerto en medio de la batería.

(El tercer escuadrón polaco tuvo 57 muertos y heridos y 24 desmontados y contusos. Un 54% de bajas en los pocos segundos de su brillante y suicida carga).

Los dragones franceses llegan a Buitrago de noche, pero recibieron orden de continuar avanzando dos horas más hacia Madrid. La noche estaba despejada con una luna brillante que permitía ver casi como de día (efectivamente la mayor proximidad del Sol a la Tierra se produce en esta época del año y consecuentemente la luminosidad lunar es máxima).

El Coronel D. Manuel García del Barrio relata de esta fecha:

-     Dirigiéndome por el Puerto del Acebo (La Acebeda) para llegar a Buitrago, me hallo en aquella ladera en el 29 (quería decir 30) de noviembre, envuelto entre las reliquias de nuestro exército de Somosierra y el del enemigo que les perseguía...

La importancia de esta cita radica en el conocimiento y vialidad del paso de la sierra desde Prádena o Pradenilla hasta la Acebeda en esta crítica fecha, que avala la tesis de un posible intento del mismo a priori por el General Sardeñ con su brigada.

Dos batallones españoles procedentes del Sur hacia Somosierra se desbandan parcialmente al conocer la pérdida del Puerto.En todo caso la última esperanza para la defensa de Madrid ha desaparecido. La Capital, desguarnecida, está a dos días de marcha. Napoleón espera terminar la campaña con su conquista, sentando a su hermano en el trono. Pero esa es ya otra historia...

ANEXO A. Interrogatorio a un desertor.

Boceguillas 29 de noviembre de 1808.

Pregunta: ¿Cómo os llamáis y cual es vuestra patria?

Respuesta: Me llamo Joseph Julien y soy de Trieste.

P: ¿Desde cuando servís en España y en que regimiento?

R: Desde hace 12 años y en las Guardias Wallonas.

P: ¿A que cuerpo del ejército pertenecíais?

R: Desde luego formando parte del cuerpo del ejército de Andalucía, ayer estaba en Sepúlveda en el cuerpo que defiende esta posición.

P: ¿Qué fuerza está en Sepúlveda?

R: Aproximadamente unos 6000 hombres de infantería, a saber:

-         Guardias Wallonas, 4 compañías.......................550............(1/2 batallón, el otro 1/2 estaba en Madrid)

-         Regimiento de Irlanda, 2 batallones................1500

-         Regimiento de Jaén, 2 batallones....................2000

-         Batallón  de voluntarios de Andalucía..............700.............( primer batallón de voluntarios de Sevilla)

-         Algunos paisanos............................en total:   4750

P: ¿De donde han salido estas tropas de línea?

R: Al venir de Andalucía pasamos por Madrid donde descansamos aproximadamente un mes. También pasamos un mes en sus proximidades.

P: ¿Sabéis, poco más o menos, a que número se elevan las tropas encargadas de defender el camino de Madrid por Buitrago?

R: Seguro no lo sé, pero calculo unos veinte mil hombres comprendiendo los batallones de voluntarios.

P: ¿Cómo están desplegadas?

R: Seguro no lo sé, pero desde luego hay seis mil hombres en Sepúlveda; el regimiento de la Reina está en Duratón con alguna caballería; Hemos dejado en Alcovendas el regimiento de Murcia, no sé cuales son los otros cuerpos del ejército; pero afirmo que la garganta que llaman puerto (Somosierra) está bien defendida por una docena de piezas de artillería y dos o tres batallones de voluntarios que solo pueden ser atacados por la derecha y por tiradores (en guerrilla), la carretera está dominada a la izquierda por altas montañas cubiertas de nieve (la Cebollera).

P: ¿Cómo habéis venido hasta Sepúlveda?

R: Siguiendo la carretera de Madrid hasta cerca de Duratón; allí, girando a la izquierda, hemos caminado una legua y media vinimos a tomar posición sobre la altura en la que estábamos ayer.

P: Pasando por Duratón ¿se puede llegar fácilmente a la explanada sobre la que estabais en batalla?

R: A un tiro de cañón hay una especie de pequeña colina que no es nada, además se pueden desplegar sobre este punto veinte mil hombres.

P: Si la posición de Sepúlveda fuera tomada por Duratón ¿cuál sería la ruta enemiga para retirarse?

R: Pasando tras la ciudad, por el camino de Segovia; la del Puerto (Somosierra) estaría cortada (desconoce el camino de Prádena).

P: ¿Se podría por la derecha francesa, trasladarse sobre el camino de Segovia detrás de los enemigos que huyeran de Sepúlveda?

R: No hay mas que caminos impracticables alrededor de Sepúlveda, a un cuarto de legua a la derecha, por lo menos habría que recorrer una vuelta de dos leguas por caminos que desconozco.

P: ¿Cuál es la moral del ejército en el que estabais?

R: Hay muchos paisanos que no están uniformados, muchos franceses, especialmente de los cuerpos extranjeros,  en los regimientos de Irlanda, de Jaén y en las Guardias Wallonas que han sido hechos prisioneros en Bailén y que los malos tratos les han obligado a tomar servicio (con los españoles). La mayor parte no esperan mas que una ocasión para desertar.

P: ¿Qué ha sido de los restos del ejército de Burgos? (Batalla de Gamonal-Ejército de Extremadura).

R: Se han retirado hacia Segovia.

P: ¿Sabéis si hay muchas tropas en Segovia?

R: Lo ignoro, pero se dice que hay un fuerte ejército compuesto de las tropas que huyeron de Vizcaya, Castilla, etc. También se dice que se espera a los ingleses en fuerza.

P: ¿Aproximadamente cual era vuestra caballería en Sepúlveda?

R: Hay unos tres escuadrones de varios regimientos que forman un cuerpo de cuatrocientos o quinientos hombres. 

Como se ha podido ver las informaciones que suministra el desertor son muy precisas pero induce a error en lo relativo a la vialidad entre Sepúlveda y Somosierra, que supone única por Duratón, en función de su conocimiento personal, ya que desconoce el acceso vía Prádena o Pradenilla. En consecuencia los franceses dan por sentado que los españoles, desde Sepúlveda, solo pueden retirarse hacia Segovia. 

ANEXO B. Interrogatorio de un prisionero. 

P: ¿Cómo os llamáis y desde cuando servís en el regimiento?

R: Me llamo Pedro Fernández, soy de Santander, sirvo en el regimiento de caballería de Alcántara desde hace 2 meses.

P: ¿De cuantos escuadrones se compone vuestro regimiento?

R: Yo no conozco más que dos escuadrones, del que formo parte, y uno que quedó en Córdoba. Los que estábamos ayer en Sepúlveda es el único que pudo entrar en campaña, el otro no tiene más que reclutas sin uniformar y sin montar. Yo era uno de los reclutas más antiguos, por lo que he sido uniformado y montado.

P: ¿Cómo entrasteis en el regimiento?

R: Estaba en Jerez en casa de mis tíos, pequeños comerciantes, se me ha obligado a servir; Desde luego se ha hecho leva de voluntarios y enseguida se ha levantado la milicia.

P: ¿Por donde habéis pasado para venir de Jerez a Sepúlveda?

R: Por Córdoba, Toledo, Aranjuez, Valdemoro, Buitrago, etc.

P: ¿Habéis encontrado muchas tropas por el camino?

R: No hemos encontrado a nadie, hasta Buitrago íbamos precedidos por el cuerpo que está en Sepúlveda. Algunos días antes de llegar hemos formado la vanguardia dejando a nuestro ejército en Buitrago.

P: ¿Aproximadamente cual es la fuerza de la caballería que está en Sepúlveda?

R: No hay mas que dos escuadrones, uno del regimiento de Alcántara y otro del regimiento de Montesa. En total aproximadamente unos 350 caballos.

P: ¿Desde que día estáis en Sepúlveda?

R: Llegamos un domingo hace diez días, algunos días después llego una parte de la infantería y el resto llegó hace tres días.

P: ¿Conocéis aproximadamente la fuerza del ejército que está en Sepúlveda?

R: No, solamente sé que hay Wallones, el regimiento de Jaén, Irlanda y paisanos (el primer batallón de voluntarios de Sevilla debe carecer de uniformes).

P: ¿Cuándo habéis pasado por el Puerto y por Buitrago, habéis visto tropas y artillería?

R: Todavía no los había, no sé si llegaron después.

P: ¿Cómo se llama vuestro Coronel?

R: Apenas le conozco, ha venido recientemente de Madrid, no sé su nombre.

P: ¿cómo se llama el Coronel del regimiento de Montesa?

R: No sé su nombre, sin embargo sé que es un Brigadier del Ejército y que manda como jefe en Sepúlveda.  

El interrogador anota:  

-     Fernández es un recluta poco capaz de proporcionar informes positivos y de observar los movimientos de su División.

Debemos añadir que el recluta Pedro Fernández fue capturado con un sablazo en la cabeza y muerto su caballo.

ANEXO C. La batalla del paso de Somosierra. Pintada por el General Lejeune en 1810.  

Es uno de los cuadros más conocidos del prolífico pintor de las “hazañas” napoleónicas. Lejeune, testigo de la acción, pinta en 1810 a mayor gloria del Emperador, una batalla dinámica, bastante alejada de la lenta y penosa realidad, pero en su conjunto bastante representativa del terreno (ver foto 1) y sobre todo de las unidades imperiales implicadas.

La primera batería española, en el centro del cuadro, desaparece tras la nube de humo provocada por el disparo de sus cañones sobre el regimiento de caballería ligera polaca, no lanceros con quien suele confundirse, distinguibles por sus guerreras azules y plumeros blancos, que cargan en perfecta formación mas propia de un desfile que del lógico desorden que tal acción conlleva. Les siguen, no menos bien formados, los cazadores a caballo de la Guardia Imperial con guerreras y plumeros rojos. Obsérvese que descienden al lecho del río porque el puente fue cortado por los españoles y unos zapadores franceses intentan repararlo con tablones que sirvieran para posibilitar el paso de las dos piezas de artillería de seis libras que intentaron contrarrestar a la española, sin éxito. Al otro lado del puente se aprecia una de dichas piezas.

En el centro de la acción un Napoleón ecuestre recrimina a un numeroso grupo de prisioneros españoles que arrodillados parecen implorar clemencia. El gesto del Emperador señala bajo el puente un confuso amontonamiento de infantes franceses muertos. En el ángulo inferior izquierdo, tras el árbol incendiado llegan los Dragones de la Guardia, guerrera verde y casco, precedidos por el Mariscal Bessieres. En el lado opuesto, inferior derecho, Philippe de Segur, sentado en el suelo, descamisado y con pantalón rojo, recibe las atenciones de Yvan, cirujano del Emperador, por su herida se veía latir el corazón, afirmaron los testigos que le vieron.

Al fondo del cuadro se ven las casas del pueblo de Somosierra, que en realidad estaban y están en la vertiente opuesta –sur- y por tanto ocultas desde ésta.

A derecha e izquierda del cuadro la infantería francesa se tirotea con la española.

Por último, en el centro inferior, unos prisioneros españoles reciben insultos y quejas de los franceses por las bajas experimentadas en el combate. Lejeune vio el aspecto general de los españoles, sin uniformes, en su mayoría se trataba de reclutas poco instruidos, muy carentes de munición y víveres.

ANEXO D. Chevaux-leger polaco. Somosierra, noviembre de 1808. Dibujado por Paco Vela.